lunes, 1 de marzo de 2010

Educación y valores


Ensayo: Educación y valores.
Lic. En Psicología Uriel Medina Vázquez.
Materia: Economía y Educación.
Maestro: Ricardo Mota Reyes.
Maestría en Ciencias de la Educación.
Coacalco, México a 27 de Febrero del 2010.

Educación y Valores.

“Muchos de los problemas realmente importantes de finales del siglo XX están relacionados con las actitudes. Quizá el mayor problema es que las naciones ricas se hacen más ricas mientras que las naciones pobres se hacen más pobres en un mundo que progresivamente se hace más pequeño. Tenemos los conocimientos técnicos para cambiar al mundo, pero la mayoría de nosotros no posee las actitudes que pueden producir ese cambio” (Triandis, 1972).

Las actitudes se forman a través de la experiencia, y a pesar de su relativa estabilidad, pueden ser cambiadas también a través de ella misma, esto se logra mediante el hábito y no por naturaleza. Dicho hábito nace por repetición de actos iguales. En otras palabras, los hábitos son el principio intrínseco de los actos. El hombre va realizando actos a lo largo de su vida. La repetición de los actos genera hábitos y determina además las actitudes. Viviendo, el hombre se va haciendo a sí mismo. El carácter como personalidad es obra del hombre, es su tarea moral, es el cómo resultará su carácter para toda su vida.

Usualmente, a los valores se les asigna un nivel mayor de abstracción o generalidad, como orientaciones básicas o guías generales que el individuo posee y que dan integración a su conducta.

Las actitudes que maduran a partir de nuestros valores, nos dictan si algo es correcto o incorrecto. Mayor relevancia adquiere cuando el acto afecta a un tercero. La pregunta ética responde a la manera en que actuamos, si asumimos responsablemente las consecuencias de nuestros actos. Tiene por referente las categorías del bien y del mal. Nos invita a reflexionar sobre todo lo que ayuda a la realización auténtica de la persona, y rechazar lo que impide esa realización auténtica. “Las categorías que permiten la elaboración de una sociedad autónoma son la dignidad y la responsabilidad” (Salazar, 1979).

La capacidad del hombre de autodeterminarse, de asumir la dirección de su vida y de ejercer esta capacidad en una acción concreta, lo determina como hombre independiente y en cuanto independiente, un sujeto autónomo. Autonomía es la facultad de disponer de sí mismo; de obrar o no obrar con acciones deliberadas. Estas alcanzan su perfección cuando se realizan en virtud de una sociedad funcional.

La autonomía hace al ser humano responsable de su conducta de la cual es actor voluntario. La responsabilidad significa la ejecución reflexiva de los actos, ponderando las consecuencias del bien y del mal en cuanto a alcanzar cuotas mayores de humanización, crecimiento individual y social.

De valores y virtudes podría decirse: “Todos para uno, uno para todos”. Cada una de las virtudes es distinta de las demás, pero se les nota su condición de hermanas de los mismos padres, hermanas tan bien avenidas como inseparables, de alguna manera todas las virtudes van juntas, y por eso afirmaba Francisco de Asís que quien posee una virtud posee todas y a quien le falta una todas le faltan, cosa que ratificó por su parte San Gregorio al asegurar que la prudencia no es verdadera si no es justa; ni es perfecta la templanza si no es fuerte, justa y prudente; ni es íntegra la fortaleza si no es prudente, templada y justa; ni es verdadera la justicia si no es prudente, fuerte y templada. Las virtudes son como los vasos comunicantes, ya que no podemos crecer en uno de esos vasos sin trasvasar su riqueza a los demás: “si realizo esfuerzos por crecer en laboriosidad, automáticamente voy a ser una persona más responsable, perseverante y ordenada” (Casas, 1991).

Existe una evolución en el contenido de los valores, pero una evolución que implica progreso en el modo de percibirlos. No sólo hay un cambio que es además “progreso” de los valores. Las sociedades pueden aprender no sólo técnica o tecnológicamente, sino también moralmente, aunque no estén todavía a la altura debida y por desgracia conculquen gravísimamente -como siguen haciendo- con casi todo lo que predican.

El nivel de conciencia moral avanza, hoy podemos entender la existencia de esclavos en tiempos pasados, pero a estas alturas nos parecería incomprensible la vuelta atrás, esto supondría un retroceso de todo punto inaceptable. Ciertamente, nos han llegado noticias de personajes de otros tiempos con los que sintonizamos perfectamente mejor que con el resto de su época. He ahí los valores. Pero los valores no valdrían si su portador y agente no valiese. Valen los valores por que la persona es sujeto valioso, sujeto de valor absoluto.

La persona es sujeto de valor absoluto y no debe ser tratada como instrumento, quedando su dignidad más allá de cualquier forma de relativismo. Immanuel Kant distingue entre dos tipos de seres: aquellos que tienen valor en sí mismos, que valen por sí mismos, y aquellos que, por el contrario, sólo valen para otra cosa, distinta de ellos mismos. Un martillo, que es útil para clavar un clavo pierde su utilidad cuando se rompe. Entonces su precio baja o cae totalmente. Sin embargo, una persona, humanamente es valiosa en sí misma, tiene valor siempre, y por eso no tiene precio, sino dignidad: ni se compra ni se vende. Es sujeto, nunca objeto, nadie está legitimado para causarle ningún daño físico o moral. En consecuencia, no cabe reducirla a la condición de instrumento (Salazar, 1979).

Todos los valores son personales y comunitarios, por lo que deberíamos de tratar al prójimo con los mismos valores con que nos gustaría que nos tratasen a nosotros mismos. “Si tratamos a alguien como es, seguirá siendo como es; si lo tratamos como podría ser, se convertirá en lo que debe ser”. (Díaz, 2002).

Cualquier persona al margen de esos valores está falta de humanidad, por eso estamos dispuestos a defenderlos y universalizarlos para todos, sin excepción. No es que un servil o un hipócrita dejen de ser personas, sino que han renunciado al proyecto de humanidad que los seres vivos hemos ido descubriendo a través de siglos de historia.

Actualmente la escuela no sólo existe para aprender, ahora la escuela quiere decidir cómo tienen que portarse los alumnos, imponer lo que es correcto, falso, bueno o malo. Quiere hacer de los alumnos ciudadanos adaptados al estado. Está amenazada la libertad de opinión e incluso de pensamiento, porque los niños no sólo deben decir a los maestros lo que estos quieren escuchar, sino que también deben de creer que eso es lo correcto.

Hablar de educación y valores en México es referirse a un país con una gran tradición histórica. Es mover los hilos de un enorme tejido de culturas que tienen su propio pasado y su propia herencia. Desafortunadamente, esta multiplicidad ah sido negada a lo largo de los años desde la invasión europea. Y ah sido precisamente esta actitud la que ah provocado que las diversas culturas asentadas en nuestro territorio sean vistas exclusivamente bajo la mirada y patrones del pensamiento imperialista.

Al tratar de integrar a las culturas indígenas al desarrollo nacional, lo único que se ha hecho es negar su origen y segregarlas de este México imaginario, que se ha creado tomando como modelo a las “civilizaciones” extranjeras.

Hoy, nuestros ancestros hablan con nosotros los mexicanos de estos tiempos y nos dicen: “nunca nos olviden, hablen con sus jóvenes, enseñen a sus hijos mientras vivan, cuán buena ha sido nuestra amada ANAHUAC, donde TETEO TZINTZIN HUAN (Nuestros amados padres) nos protegen, por nuestro respeto y humildad”. (consigna de Anahuac Huey In tlacatecutzintli Cuauhtemoctzin in Tlahtoani 13 de Agosto de 1521) Esta es la venerable palabra de nuestros ancestros que nos transmiten educación con valores y nos hacen un llamado a la conciencia nacional para formar un México nuevo forjado en la multiplicidad de sus herencias culturales, de esta manera, México será plural y la civilización mesoamericana será protagonista: “Mach Tichtomachitia Oczeppa Hualmohuicaz Ma Oczeppa Hualmoquixtiz Ihuan Yancuican Techmotlahuiliquiu -Pero tenemos la certeza que otra vez vendrá, que volverá a salir y nuevamente habrá de alumbrarnos-. Ize Tonalli Moyetzinotiyezqueh –Un sol colectivo se dignarán ser [ellos: nuestros amados hijos]-“(Consigna de Anahuac).

Este escrito es una vertiente, por que somos varios los que desde una perspectiva académica y política sentimos desde hace muchos años atrás la necesidad de explorar el México real, seguros de que en él están las claves y respuestas indispensables para encontrar los caminos de un presente mejor.
Que las generaciones de hoy y mañana no olviden el destino ni la sabiduría de los abuelos ante la tremenda aculturación que estamos padeciendo ya que uno de los problemas de nuestra época consiste en que los hombres no quieren ser útiles sino importantes y estos suelen llenar las bibliotecas de palabras en lugar de sembrar, cosechar y compartir los campos del conocimiento.